Aquellos que se han enganchado a La isla de las tentaciones han consumido droga. La increíble audiencia que ha tenido el reality ha sido una sorpresa incluso para Mediaset. En las cinco semanas que estuvo en pantalla, cada emisión atraía más espectadores y su programa especial llegó a batir el récord de audiencia de toda la historia de Cuatro Televisión con 3.618.000 espectadores.
¿Es que todo el mundo ha visto La isla de las tentaciones? No todos. Muchos miles de personas no han visto ni un segundo, como pregonan algunas cuentas de Twitter como ésta:

Pero lo más sorprendente es que la cuota media de audiencia de niños entre 4 y 12 años fuera del 28,4%, lo que significa que 88.000 niños presenciaron escenas de conflictos, celos y sexo que, según algunos críticos, rozaron la pornografía.
La cuota media de audiencia de La isla de las tentaciones de niños de 4 y 12 años fue del 28,4%, lo que significa que 88.000 niños presenciaron escenas de conflictos, celos y sexo que, según algunos críticos, rozaron la pornografía
Esos niños y, sobre todo, otros tantos chicas y chicos entre 13 y 24 años (en esta franja de edad la cuota media de audiencia subió hasta el 38,7%) se han enganchado a unas escenas del programa que se las puede marcar con clasificación X, ríete tú del edredoning de Gran Hermano.
¿Son los realities españoles una experiencia sociológica para los concursantes?
Cuando se estrenó Gran Hermano en el año 2000, Mercedes Milá dijo sobre el programa que «de morbo nada, es una experiencia sociológica». Bueno, puede que un reality sea un experimento sociológico, pero su contenido no aporta nada interesante, ni que nos mejore como personas. Tampoco es un entretenimiento anodino con el que aflojar el final del día, echados en un sillón con ganas de no pensar en nada.
Es verdad que Milá defendía GH sin adivinar que, siete años después, habría que lamentar el escándalo de la supuesta violación de una de las concursantes, así como de otras violencias y lanzamientos de objetos entre los concursantes o, incluso, de expulsiones que éstos merecieron por comentarios machistas, homófobos y xenófobos. Y eso que Gran Hermano no se pasó tanto de frenada como La isla de las tentaciones, un programa cuyo único argumento consiste en exhibir infidelidades, humillaciones personales y sexo de alto contenido.
La isla de las tentaciones: un programa cuyo único argumento consiste en exhibir infidelidades, humillaciones personales y sexo de alto contenido
Estos contenidos dañan y no dejan a nadie indiferente. Dudo mucho que la motivación de los concursantes sea afrontar situaciones difíciles y extrañas, porque saben que, en realidad, deben seguir un guión. Aunque así fuera, el reto conlleva aceptar una actuación miserable, que azuza los instintos primarios o los más bajos. Las relaciones personales y de pareja de los concursantes se ponen en peligro de forma premeditada o, cuando menos, exhiben unas actuaciones que solo en la intimidad tienen verdadero sentido. Una exhibición que resulta paradójica en una sociedad en la que cada vez valoramos más la privacidad y buen uso de nuestros datos. Pero claro, el dinero es el dinero…

Enrique Guerrero, profesor de programas de entretenimiento de la Universidad de Navarra, explicaba esto a un periodista de El País 1 :
«En los realities trabajan con material sensible, con historias personales, con personas, no son personajes de ficción. Aunque las personas pueden convertirse en personajes, porque hay una construcción mediante el guión. Hay que respetar la intimidad y la vida privada de las personas. Uno de los riesgos es no respetarlas para conseguir audiencia por motivos, al final, económicos» (Enrique Guerrero profesor de programas de entretenimiento de la Universidad de Navarra)
Además, la producción de los realities suele ser barata, por lo que las productoras pueden hacer mucho negocio con una buena audiencia.
Vale, los concursantes se venden, ¿pero acaso los espectadores son responsables de ello?
A los espectadores nos sugestionan esas situaciones extremas o extrañas a las que se someten los concursantes de La isla de las tentaciones y otros realities semejantes, porque las comparamos a las nuestras o por el morbo de conocer lo miserable que se puede llegar a ser o por liberar adrenalina… Sí, los concursantes se venden pero los espectadores, seducidos, compramos el espectáculo, pagando el precio de incrementar la audiencia.
Y como ocurre con las drogas, lo que empieza con el “solo esta vez” para probarlas o saber qué se siente, en muchos casos termina con el engaño del “por última vez”. Es que el morbo engancha, como las drogas… aunque parezca que sus efectos son menos dañinos que sufrir el mono.
Los concursantes se venden, poniendo en peligro de forma premeditada sus relaciones personales y de pareja o, cuando menos, exhiben unas actuaciones que solo en la intimidad tienen verdadero sentido. Los espectadores, seducidos, compramos el espectáculo, pagando el precio de incrementar la audiencia

Tenemos material de sobra para engancharnos. Televisión Española ha seguido la estela de Gran Hermano o de Confianza Ciega con otros programas de contenido semejante como Alaska y Mario, Las Campos o ¿Quién quiere casarse con mi hijo?; ya se ve que somos “tierra de realities”. Telecinco emitió en febrero la Gala 6 de El tiempo del descuento, ahora sigue en pantalla Supervivientes 2020, y se auguran nuevas galas del programa grabado en la isla de República Dominicana. El catálogo de Netflix también acumula realities que despiertan nuestro morbo: turismo negro, trucos de magia mortales, series enteras dedicadas a funerarias…
La escritora de literatura juvenil Laura Gallego García escribe en su libro Dos velas para el diablo: «Supongo que nos dan más morbo las cosas malas, las imágenes de violencia. Nos hacen sentir seguros en nuestras casas y cómodos en nuestras vidas, o nos hunden en la miseria y nos reafirman en nuestra creencia de que el mundo es una mierda».
«La raza humana, tal como la hemos conocido hasta ahora, está extinguida». Es el comentario del compañero de redacción de una periodista publicado en el periódico La Verdad 2 , tras ver la última entrega de La isla de las tentaciones. Y no es el único, yo he escuchado comentarios semejantes de más de uno y de dos…
Por qué no deberías ver con tus hijos La isla de las tentaciones
La consultora audiovisual Barlovento Comunicación, especializada en audiencias de TV, reveló otros datos preocupantes. La mayoría de los menores, el 87%, han visto La isla de las tentaciones acompañados de sus familiares.
Sí, esa seducción de lo prohibido, de lo desconocido, de lo insólito, de lo indecente… ese morbo, vaya, los chavales no lo sacian a escondidas como una transgresión de juventud, son los padres los que lo sirven en bandeja, sentados en un cómodo sillón frente a la tele del cuarto de estar.
¿Es que no ven que estos realities y otros programas con alto contenido de sexo, violencia o terror, no dejan indiferentes a sus hijos adolescentes y, mucho menos, a críos de 4 a 12 años?

Aún en el caso de que les dijeran a sus hijos que en la realidad eso no es así y que está muy mal… si con el mando no pasan a otra cosa es como si les pidieran con un chillido: ¡¡¡Mira hijo, no digas las cosas gritando!!! Los menores aprenden de lo que ven, no de lo que se les dice.
Carolina Lupo Colombo, licenciada en Psicopedagogía, máster en Bioética y colaboradora del proyecto «Educación de la afectividad y de la sexualidad humana» del Instituto Cultura y Sociedad, aclara en una entrevista3 que a los adolescentes –y ni qué decir tiene, a los niños- les entran por los ojos modelos de sexualidad para los que todavía no están preparados:
«Diversas investigaciones demuestran que el impacto inicial de la pornografía en la mente de un adolescente genera un profundo malestar y estrés, debido a que aún no está en condiciones de procesar psicológicamente esas imágenes, distorsionando la representación mental de las mismas…» (Carolina Lupo Colombo, Psicopedagoga, colaboradora del proyecto ‘Educación de la afectividad y de la sexualidad humana’ del Instituto Cultura y Sociedad)
Esta experta y otros psicólogos explican que, además, en un programa de telerrealidad se vende como real lo que no lo es, lo que distorsiona la percepción verdadera de la sexualidad y en algunos también la del propio cuerpo, pues se muestra una imagen de los concursantes siempre perfecta. Esto confunde a los niños, pues carecen de sentido crítico, y a los adolescentes, pues todavía no han terminado de desarrollarlo.
La pornografía es ficción que, además, tiene un componente machista y de violencia muy considerable y conduce a los jóvenes a la frustración porque intentan alcanzar, sin éxito, expectativas que no son reales.
«Muchos jóvenes llegan a un grado cercano a una verdadera adicción, manifiestan sentirse atraídos sexualmente por mujeres ficticias y virtuales, en lugar de por seres humanos reales. Acaban pensando que toda mujer debe «estar disponible»… Algunas mujeres se sienten presionadas a crear sus propios vídeos pornográficos o a tomar como normal el uso de la violencia en sus relaciones» (Carolina Lupo Colombo)
¿Es que no se tienen ganas de educar?
Los padres llegan tarde a casa cansados del trabajo, saturados, y no les quedan ganas de discutir la petición de sus hijos de ver «el programa más visto de la historia» que siguen por Instagram. O peor, no se dan cuenta del daño que se les hace.
Es cansado educar a los hijos en el valor positivo y bello de la sexualidad y las relaciones saludables, enseñarles a ser dueños de su sexualidad, a no separarla del afecto y a protegerla del abuso, sea por dinero o por simple placer. Es cansado, pero es lo que les ayudará a ser felices. Si no se hace ver a los chavales lo que se juegan con la pornografía, lo que empieza con risas y promesas termina muy pronto en llantos y decepciones.
Los padres pueden hacer llegar su voz a RTVE para que se respeten los horarios y derechos de protección al menor. Por ejemplo, ¿los anuncios de La isla de las tentaciones respetan ese horario? y ¿cómo pueden exigirlo si no es así?
Para esta labor educativa los padres y profesionales se pueden apoyar en iCmedia, Federación de Asociaciones para la Calidad de los Medios. Su labor consiste en promover el uso responsable de los medios y combatir la desinformación mediante cursos y talleres dirigidos a menosres, familias y educadores; así como fomentar iniciativas y participar en proyectos nacionales e internacionales que favorezcan la mejora del sector audiovisual. La Federaión es miembro de organizaciones y grupos de trabajo en los que representa a la sociedad civil en la protección de los menores en el ámbito digital.
Además, hay realities que ofrecen experiencias interesantes, como algunos del catálogo de Netflix: Abstract: el arte del diseño se adentra en las mentes de los diseñadores más innovadores de diversas disciplinas para aprender cómo influye el arte en sus (nuestras) vidas. O el programa Casas alucinantes.
Termino con otra cita de Enrique Guerrero en el artículo citado:
«La existencia de la telerrealidad se puede justificar siempre y cuando las historias merezcan la pena, aporten algo a los demás, se traten con sumo respeto y cuidado y nunca con un afán utilitarista, sino que la persona que participa de algún modo también se vea beneficiada por su participación en televisión» (Enrique Guerrero)
Referencias
1 Artículo de El País “España, tierra de realities”
2 Artículo de La Verdad ”La isla de las tentaciones y el todo vale por la audiencia”




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