Carla Simón, directora de Verano 1993

“Soy optimista, cada vez habrá más directoras de cine… Es solo una cuestión de tiempo”

Verano 1993 es la película española del año. Y lo es desde que la descubrimos en el Festival de Berlín. También la descubrió en ese momento el Jurado, que la premió como mejor opera prima. Que eso es: el primer largometraje de una joven directora catalana, Carla Simón, que ha querido arrancar su filmografía contando su propia historia. La historia de una niña que en el verano de 1993 pierde a su madre, cuando ya era huérfana de padre. A los dos se los llevó la bestia negra de los años 80: el Sida. Con 9 años, esa niña –que era la propia Carla- tiene que hacerse a una nueva familia, la de sus tíos, y a una nueva vida en el campo. Hemos tenido la oportunidad de hablar con Carla Simón y conocer, de primera mano, cómo se ha cocinado esta pequeña joya cinematográfica.

¿Cuándo y cómo nació la película?

El planteamiento estaba en mi cabeza desde hace mucho tiempo. En Londres, cuando estudiaba cine, rodé varios cortos que, en cierto modo, iban apuntando a los temas que luego trataría en Verano 1993. Especialmente uno sobre niños afectados por el HIV. Yo era hija de seropositivos pero no había heredado el virus y me llamaba mucho la atención acercarme a este tema.

Estar lejos de mi casa, de mi familia me llevó a madurar una historia que en realidad llevaba dentro desde niña.

¿Cómo se escribe el guion de una película que es la historia de tu propia vida?

Antes de empezar a escribir estuve unos días con mi tía, en casa, viendo fotos de cuando éramos pequeños. Me contó muchas cosas, cosas que yo no recordaba porque, cuando eres niño y te ocurre algo así, haces una especie de borrón y cuenta nueva. A través de las fotos y de las sensaciones –que sí que tenía grabadas en la memoria- hice una lista de recuerdos y con eso, en una semana, escribí la primera versión del guion, que luego requirió otros dos años de trabajo.

Hay muy poca presencia de tus padres en la película…

Porque la realidad es que de mi padre no me acordaba nada y de mi madre muy poco. Aquello fue muy doloroso, ver que no me acordaba de mis padres. Pero sí recuerdo ese tremendo momento de lucha, de tener que –en medio de la tristeza- sobrevivir, tratar de encajar en esta nueva situación.

La película brilla especialmente por la interpretación de dos niñas que son un auténtico descubrimiento ¿cómo fue el casting?

Para mí era importante encontrar a unas niñas y a unos adultos parecidos a sus personajes. Y después dediqué mucho tiempo a que los actores trabajaran las relaciones entre ellos, que se conocieran, que interactuaran. Pasaban mucho tiempo juntos haciendo cosas anodinas como ir a la compra, o pasear… pero aquello era importante. Cuando empezamos el rodaje, esas relaciones estaban allí. Las niñas nunca leyeron el guion y hay muchas escenas que se improvisaron.

Premio en Berlín, premio en Málaga, elogios de la crítica…dirás que no lo esperabas pero ¿ha sido realmente una sorpresa?

Nunca me imaginé esta recepción y he pensado mucho sobre ella. ¿Por qué ha gustado tanto? Pienso que porque es una película en la que apenas pasan cosas pero las que pasan son “muy verdad”… quizás también porque hacemos que el público recuerde algunas sensaciones que han tenido. Y también por las niñas, por la naturalidad de sus personajes…la verdad es que no lo sé…

“Pienso que porque es una película en la que apenas pasan cosas pero las que pasan son “muy verdad”…

 

Reconoce que mezclar infancia y muerte en una película es arriesgado…

Siempre he sentido curiosidad por esas películas en las que los niños se enfrentan a la muerte porque yo misma tuve que enfrentarme. Para mí Cría Cuervos fue una película muy importante, también la francesa Ponette. Pero en esos títulos la madre siempre se aparece y a mí no se me apareció…

En realidad lo que quiero en Verano 1993 es que los niños son mucho más inteligentes de lo que a veces pensamos los adultos. Entienden perfectamente lo que significa la muerte y al mismo tiempo tienen fuerzas para tirar para delante.

Antes hablabas de la película de Saura…qué otros cineastas te han influido a la hora de rodar esta película

Con Víctor Erice y Carlos Saura se puede decir que descubrí el cine, sus películas me llegaron muy dentro. También me gusta mucho el cine de Lucrecia Martel y para mi película me influyó mucho una película de Alice Rohrwacher, Las maravillas. De todas formas, tanto como estas cintas, me influyó esa búsqueda personal, esas fotos de familia… Hay fotogramas que tienen prácticamente el mismo encuadre de esas fotos. Yo no los busqué pero se ve que se habían quedado en mi cabeza. Estaban allí…

Con estos referentes no creo que tu segunda película sea un thriller de ciencia ficción…¿qué podemos esperar de ti?

Ciencia ficción no creo…(risas) Tengo una familia muy grande donde todos son muchos hermanos y han pasado muchas cosas, así que seguiré explorando en las historias familiares, que son las que me han llevado al cine. Y después, como viví el paso de la ciudad a un pueblo y ahora vuelvo a ser una urbanita, me interesa mucho también esa relación entre los dos mundos y la poética que tiene la vida de los pueblos.

Las mujeres directoras de cine sois todavía una minoría… que va creciendo. ¿Qué puede aportar la mujer en la dirección?

Creo que es crucial que haya más directoras de cine. A nivel personal, reconozco que me resulta más fácil escribir los personajes femeninos y pienso que a muchos directores les pasará lo mismo. Si hay más mujeres directoras, habrá más personajes femeninos ricos y complejos. No digo que un director no lo pueda hacer, ni muchísimo menos, pero sí creo que tenemos otra visión. Aportamos matices diferentes.

De todas formas, en este tema soy optimista. Pienso que cada vez habrá más directoras de cine. Las cosas irán cambiando. Es solo una cuestión de tiempo.

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