Una “pionera” es según la RAE, una “mujer que da los primeros pasos en una actividad humana”, pero si buscásemos la definición de “pionera” en cualquier libro de geología, llevaría sin duda un nombre: Florence Bascom.
Pero fue pionera en más temas, la primera mujer doctorada por la Johns Hopkins University; la primera contratada por el United States Geological Survey (USGS); la primera en presentar un artículo de investigación en la Geological Society of Washington; la segunda mujer miembro del Geological Society of America (GSA) siendo además, la primera que formó parte de su Consejo, como vicepresidenta de esa misma asociación.
Florence Bascom nació el 14 de julio de 1862 en Williamstown, Massachusetts. Su padre fue profesor de oratoria y retórica del Williams College y su madre una profesora de escuela, además de sufragista, animándola a estudiar desde pequeña.
En el año 1887, Florence se matricula en la Universidad de Wisconsin, entidad presidida por su padre. Aunque Mr. Bascom era un firme defensor de la igualdad entre hombres y mujeres, la Universidad de Wisconsin no lo era, al igual que el resto de las universidades norteamericanas de esa época, un mal ejemplo de igualdad. A pesar de que Florence era su hija, su acceso a la biblioteca y al gimnasio era limitado e incluso a algunas clases cuando éstas se habían llenado de hombres.
Como otras mujeres de su época, esto no impidió que se graduara en Arte y Letras en 1882 y dos años más tarde, obtuviera su Grado en Ciencias, consiguiendo en 1887 un Máster en Geología. Pero la curiosidad y el interés por esta rama hizo que se intentara matricular en 1890 para seguir sus estudios de geología en la Johns Hopkins University.
La entrada en dicha universidad fue complicada ya que tuvo que esperar siete meses para obtener la respuesta de que no podría ser alumna oficial aunque podría asistir a las clases que quisiera, algo que consiguió dos años más tarde, aunque la aceptación se mantuvo en secreto.
Finalmente, Florence Bascom obtuvo su Doctorado en Geología en 1893. La primera mujer en obtener dicho título fue Mary Emilee Holmes, doctorada por la Universidad de Michigan en 1888, aunque la tesis doctoral de Florence la convirtió en una afamada geóloga ya tuvo, y tiene actualmente todavía, mucha influencia en la geología moderna. En ella demostraba petrográficamente, que rocas que se creían sedimentarias eran realmente flujos de lava metamorfizados.
Estos estudios eran muy novedosos tanto por el descubrimiento realizado, como por las técnicas aplicadas. La calidad de la disertación hizo que Florence fuera la segunda mujer elegida miembro del Geological Society of America (GSA) después de Mary Emilee Holmes (1894). Posteriormente se convertiría en miembro del Consejo (1924) y vicepresidenta de la asociación (1930).

Florence Bascom se convirtió en una experta en cristalografía, mineralogía y petrografía, a lo que contribuyó sin duda los ilustres profesores que tuvo a lo largo de su carrera, ya que la alentaron a seguir estudiando geología; y Victor Goldschmidt, de la Universidad de Heidelberg, considerado uno de los fundadores de la geoquímica moderna y la cristaloquímica, la acogió para estudiar cristalografía avanzada una vez acabó su doctorado.
Trabajó como editora asociada del American Geologist entre 1865 y 1905, aunque la vida de Florence Bascom se centró en dos aspectos fundamentales: la educación y la investigación.
«Siempre he afirmado que no hay ningún mérito en ser único en una especie… estoy absolutamente orgullosa de que algunos de los mejores trabajos en geología hechos actualmente por mujeres, trabajos que compiten con los hechos por hombres, los han realizado mis alumnas, mujeres jóvenes y notables que serán un crédito para la geología». Florence Bascom
Su faceta como profesora comenzó incluso antes de finalizar su tesis doctoral. Durante ese período impartió cursos cortos en el Hampton Institute for Negroes and American Indians (1884-1885), en el Rockfold College (1887-1889) y en la Ohio State University (1893-1895). Posteriormente, en 1895, fue contratada por el Bryn Mawr College (una universidad femenina) donde fundó el Departamento de Geología. Con los años, este departamento llegó a poseer una estupenda colección de minerales, rocas y fósiles. Trabajó como profesora en esta entidad hasta 1928 y formó a las que serían algunas de las grandes profesionales de la geología del principio del siglo XX: la geóloga Katherine Fowler Billings, las petrólogas Anna Jones Stose y Eleanora Bliss Knopf, la cristalógrafa Mary Porter, la paleontóloga Julia Gardner, la geomorfologista Ida Ogilvie y otras mujeres más.
Su faceta como investigadora avanzó de forma exponencial después de convertirse en la primera mujer contratada como asistente de geología por la United States Geological Survey (USGS) en 1896, ascendiendo luego a geóloga. Sus trabajos de campo y laboratorio realizados para la USGS y de los que derivaron más de cuarenta publicaciones, la convirtieron en la mayor autoridad de Estados Unidos en la geomorfología de las rocas cristalinas del Mid-Atlantic Piedmot, una región geológica caracterizada por sus rocas metamórficas e ígneas localizada entre los montes Apalaches y la Planicie Costera del Atlántico.
También fue la primera mujer en presentar un artículo ante la Geological Society of Washinton en 1901. Sus estudios sobre la formación de los montes Apalaches y la geomorfología de otras zonas de Estados Unidos la encumbraron aún más. Tal fue su fama que la primera edición del American Men of Science la nombró geóloga cuatro estrellas en su primera edición de 1906. Florence ya era considerada por sus colegas como la cuarta mejor profesional de una lista de cien geólogos de Estados Unidos. Estuvo trabajando como investigadora de campo del USGS hasta 1936, muriendo de hemorragia cerebral el 18 de junio de 1945, a los 83 años de edad, en su ciudad natal.




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