Empieza la semana previa a San Valentín, y con ella los anuncios de colonias, flores y todo tipo de detalles que acompañan a la celebración de este día que parece invitar al consumismo.
Es cierto que esta crítica existe por el abuso materialista que pretende encerrar el amor en un objeto como símbolo de lo que solo se puede demostrar con la entrega, pero también es cierto que no es malo celebrarlo, es importante celebrar lo bueno, buscar motivos para el encuentro y hacer algo especial que rompa la rutina en la que muchas veces, y sin querer, nos vemos inmersos, pero se puede celebrar de muchas formas evidentemente sencillas.
Siempre hay que celebrar el amor, pero el amor de verdad…
Según el informe “Transformación y crisis de la institución matrimonial en España», elaborado hace un año por el observatorio Demográfico CEU (con datos del INE y Eurostat), el 50% de los jóvenes españoles y de mediana edad no se casaría nunca, además, un porcentaje similar de los matrimonios españoles se acaban divorciando.
Unido al desplome de un proyecto de vida, de la confianza, del valor de la entrega, de la esperanza … se une el dato de la caída de matrimonios, especialmente por la iglesia, con el registro de solo un 20% de ellos, frente al 99% en el año 1976.
Otro efecto muy dañino del descenso de la nupcialidad y el creciente número de divorcios es el gran número de menores que viven afectados por la ruptura familiar ya que, según los datos, más del 10% de los bebés que nacen en España se criarán con un solo progenitor, ascendiendo ya el número de niños y jóvenes españoles que se crían sin un progenitor alrededor de los 2 millones, mientras que los hogares monoparentales representan entorno al 20% de los hogares con hijos, no constando el registro de un padre en el 3,6% de los nacimientos del año 2022. Además, en un 5% de ellos, el padre vive en un municipio distinto al de la madre en la misma provincia, y en un 1,9%, vive en una provincia distinta a la de la madre.
Ante este panorama, es curioso y triste a la vez, que cada vez la gente tenga más miedo al compromiso, a pesar de que los estudios demuestren, año tras año, que la felicidad depende precisamente de nuestro nivel de compromiso. Según una encuesta de Gallup realizada en Estados Unidos durante el periodo 2019-23 a más de 2,5 millones de adultos sobre como calificarían su vida actual, además de cuál creían sería su nivel de felicidad dentro de cinco años, los adultos casados decían ser mucho más felices que aquellos que tienen cualquier otro estado civil. Durante el período que duró la encuesta, los niveles de felicidad de las personas casadas fueron sistemáticamente superiores a los de los solteros, entre un 12% y un 24%, manteniéndose la brecha incluso cuando los investigadores ajustaron factores como la edad, raza, origen étnico, el género y la educación.
Aunque la educación parece ser un fuerte predictor de la felicidad personal, los datos seguían mostraron que los adultos casados que no asistieron a la escuela secundaria evalúan sus vidas más favorablemente que los adultos solteros con un título de posgrado. Parece ser que, desde Aristóteles hasta McIntyre, somos vulnerables, sociales e interdependientes, y nos necesitamos para vivir, a esto se une que el tema del compromiso, el saber que tienes a una persona siempre y para siempre, ofrece un estado de confianza general independiente de la cultura y época.
“Como mínimo, el concepto de compromiso implica la experiencia de estar unido a otra persona. En el mejor de los casos, significa estar unido a alguien que constituye una base sólida y segura y que estará a tu lado ante cualquier adversidad”, aseguraba la Dra. Monica O’Neal, psicóloga de Boston.
Y esto parece hacerse incluso ciencia cómo nos decía Eisntein, “cuando los científicos buscaban una teoría del universo olvidaron la más invisible y poderosa de las fuerzas. El Amor es Luz. El Amor es gravedad, porque hace que unas personas se sientan atraídas por otras. El Amor es potencia, porque multiplica lo mejor que tenemos, y permite que la humanidad no se extinga en su ciego egoísmo. El amor revela y desvela. Por amor se vive y se muere. El Amor es Dios, y Dios es Amor”.
Y hablando del Dios Amor, como el Génesis nos recuerda, fuimos creados a su imagen y semejanza, por amor y para amar. Cuando Dios crea a la mujer, el hombre se alegra al reconocerla como igual, porque a pesar de tener a toda la Creación a su disposición, solo en la mujer reconoce la ”ayuda adecuada” cuando exclama «¡Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne!» Es su igual.
Sin embargo, vivimos un mundo en el que el deseo y el emotivismo confunde el amor con el enamoramiento, la entrega personal con «usar» a la persona para mi satisfacción, y cuando desaparecen las mariposas, se justifica erróneamente con la desaparición del amor. Se consumen relaciones igual que camisas, y se huye del compromiso, porque exigiría el desnudarse “de verdad” ante alguien. Ponerse en sus manos y confiar. Pero hoy día es más fácil desnudar el cuerpo que desnudar el corazón para entregarlo. Los corazones rojos en escaparates, que tanto se difunden esta semana, están más vacíos que nunca.
En el matrimonio, el hombre y la mujer se comprometen libremente a amar en plenitud, a la entrega total, absoluta, y recíproca a la persona a la que se ama, y esa es la verdadera libertad.
Pero hoy día es más fácil desnudar el cuerpo que desnudar el corazón para entregarlo. Los corazones rojos en escaparates, que tanto se difunden esta semana, están más vacíos que nunca.
Esta situación sin duda es una de las razones por las cuales vemos el descenso drástico de población, ya que si se huye del compromiso con la persona que en teoría amas, como van a querer atarse con un hijo que además te coarta la libertad. Esto pone en jaque no solo la sostenibilidad del estado de bienestar (si fuéramos utilitaristas), sino la verdadera sostenibilidad de la persona, la que viene del amor verdadero, del que cuida y no consume a las personas y causa la felicidad que no necesita sustituir a igual por un perro o por un ansiolítico.
El secreto de un matrimonio duradero es la carta de San Pablo a los Corintios, y por lo menos, habría que intentar seguir sus consejos alguna vez para no tener que decir aquello de ..se nos acabó el amor. Es el compromiso de querer… querer, todos y cada uno de los días del año, amar, perdonar y pedir perdón, ponerte en lugar del otro.
Carta de San Pablo a los corintios: «El amor es paciente, es benigno; el amor no tiene envidia, no presume, no se engríe; no es indecoroso ni egoísta; no se irrita; no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor no pasa nunca».
Y esta es una tarea de todos los días, porque al amor hay que cuidarlo y alimentarlo. Para este entrenamiento, al igual que nos entrenamos para otras cosas, os invitamos, una vez más, y como se viene celebrando desde hace unos años, a disfrutar de la Semana del Matrimonio, que se celebrará en todas las diócesis de España hasta el día 16 de febrero.
Podemos participar en ella como una nueva oportunidad para renovar el compromiso de fidelidad y confianza de la vida matrimonial cristiana, ofreciendo recursos y actividades que fomenten la reflexión y oración en el día a día matrimonial.
No te pierdas las actividades y reflexiones que con tanto cariño se han preparado y que puedes ver AQUI




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