Dar a los malos momentos la importancia que merecen, hablar con nuestros hijos y usar estrategias para que no sufran, son las recomendaciones de los profesionales para enfrentar tragedias
Llegan fechas especiales, la Navidad, donde nuestros sentimientos están a flor de piel, muchas veces con una mezcla de nostalgia e ilusión y recobramos con fuerza las ganas de dar al que vemos que puede necesitarlo y puede estar atravesando un mal momento. El reciente paso de la DANA por la Comunidad Valenciana ha dejado una marca profunda en todos nuestros corazones: vidas perdidas, familias separadas, hogares destruidos, desesperanza, inquietud por el futuro… Tanto por eventos de esta envergadura como en otros, muchos padres se enfrentan a una difícil tarea: explicar una tragedia y procurar evitar secuelas derivadas de la misma.
¿Podemos y debemos hablar a nuestros hijos sin crearles miedo, inseguridad e incerteza, pero enseñándoles a empatizar con quien sufre y haciéndoles partícipes de algún modo? Lo que está sucediendo en la región levantina puede ser una oportunidad para enseñarles la importancia de la solidaridad y la empatía. El claro ejemplo lo están dando los jóvenes, quienes desinteresadamente se han prestado a ayudar sin importar la distancia ni el resto de sus obligaciones y responsabilidades.
No esconder las emociones y hablar de forma adaptada para afrontar la catástrofe
Buenaventura del Charco, psicólogo y director terapéutico de la Clínica de Psicología Estar Contigo Terapia, aconseja a los padres abordar un suceso de un modo concreto, dándoles una versión de los hechos realista y ajustada.
“Aquello de lo que no se habla genera más ansiedad y peores interpretaciones por parte del niño. Además, puede querer preguntar y sentirse culpable o miedoso por hacerlo y reprimirse porque le hemos transmitido que ‘de eso no se habla’ al censurar partes, cambiar de tema…”, explica.

También recomienda consultar al pequeño si quiere saber más o si quiere que se le hable de algo en particular o no, dejándole claro que lo que decida estará bien. “Muy frecuentemente los niños marcan el tope de lo que pueden gestionar en cada momento y van solicitando información poco a poco”, dice.
Por otro lado, refiere que no hay que relativizar lo que ocurre, permitiendo a los niños experimentar y expresar sus emociones en todo momento. Asimismo, resalta que puede ser útil que como adultos expresemos que nosotros también tenemos miedo, tristeza, angustia…, “aunque evitando caer en una explosión incontenible delante del pequeño”. “El niño no tiene que regularnos, pero sí debe vernos expresarnos”, afirma el psicólogo.
Ante vivencias traumáticas, buscar ayuda profesional
Del Charco manifiesta que prevenir siempre es mejor que curar y en el caso de haber vivido algo traumático, resultaría positivo tener algunas sesiones de terapia familiar: “En ese tiempo se puede hablar de lo ocurrido, aclarar dudas, expresar emociones y crear una narrativa familiar común”.
Especifica que, de no tratarse de problemas muy severos, 2-3 sesiones podrían ser útiles. “También es probable que en centros educativos o instituciones se trabaje en talleres donde se de información y procuren solventar dudas y miedos de los menores cuando ocurren desgracias”, comenta.
El profesional recalca que, para sopesar una intervención clínica, primero habría que conocer que sucederá una fase de adaptación donde cierta sintomatología puede ser pasajera y adaptativa: cierta ansiedad, miedo, alteraciones del sueño, irritabilidad… Certifica que algo no ha de considerarse patológico hasta pasados al menos, 6 meses.

Recomienda no caer en el alarmismo, pero, estar pendientes del niño, viendo cómo le afecta y no olvidar otras cosas que le suceden y puede verse eclipsadas sin casi percibirlo.
“No es lo mismo ser víctima directa de una tragedia, por ejemplo, un niño de una de las localidades afectadas por la DANA, que ser espectador; en este caso, todos los niños que han tenido noticias de la tragedia por los medios”, subraya Jesús Jarque, pedagogo y orientador.
Para Jarque resulta esencial contar a los niños qué ha sucedido y cómo ha sucedido. En el caso concreto de la DANA, recomienda hablarles sobre el cómo: lluvia torrencial, caudal de los barrancos que aumenta súbitamente, desbordamiento… “Realmente se trata de contarles el cuento de lo ocurrido de manera que ellos lo puedan entender e incluso compartir con otros”, expresa.
En el caso de niños con necesidades especiales se puede ofrecer la narrativa con apoyo visual, como pictogramas o dibujos, cuando fuese preciso.
A salvo de la tragedia
Para el experto, resulta acertado que, si los adultos no saben responder a algo o no tienen algún dato, decirlo. Lo más justo es comunicar a los niños que en el mundo hay mucho bueno, pero también, desgracias, tragedias y las personas sufren. “No lo hacemos bien cuando procuramos ocultar, negar o minimizar a niveles inverosímiles. Como yo digo, hacerles creer a los niños que vivimos en Disneyland, tarde o temprano se paga caro”, cuenta.
Jarque quiere dejar claro que es contraproducente usar las tragedias como amenaza o como forma de tratar de manipular el comportamiento del niño y que los padres han de controlar las preguntas del niño del tipo ‘¿y si…?’ y asegurar a sus hijos que no hay un peligro real de que algo similar vuelva a ocurrir y que se sientan protegidos. Considera que en el caso de que los niños entren en una dinámica de preocupación excesiva y duradera, lo mejor es acudir a un especialista.
“El pequeño agradecerá que se le tenga en cuenta y que se le comente qué hacer o qué no, como: ‘Tenemos que dormir en otro lugar porque no podemos hacerlo en casa’ o ‘No puedes ir al colegio, porque ha quedado inundado’. Es la mejor forma de que el niño viva el presente, sepa gestionarlo y proceder”, señala.

“Si son espectadores lejanos, pueden participar en medidas de solidaridad, por ejemplo. De ser víctimas directas pueden cuidar de otros miembros de la familia, de las mascotas, ayudar en la medida de sus posibilidades y por edad”, indica.
Los familiares y educadores deben valorar su implicación, su actitud y comportamiento y evitar el chantaje y la culpabilidad. “Una forma de culpabilizar que no es constructiva es usar expresiones del tipo: ‘Con lo que ha pasado y lo mal que te estás comportando’”, expone.




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