L’Orangerie… mucho más que un museo

L'Orangerie
L’Orangerie es el lugar donde se puede admirar grandes obras, cuya fin último era mucho más que pinta un cuadro: obras que buscaban representar la paz, y otras que querían descubrir nuevos horizontes artísticos y ser regalos para admirar.
L'Orangerie vistas
Vistas desde el museo de L’Orangerie, París

En pleno corazón de París se encuentra La O´rangerie, un pequeño museo en el Jardín de las Tullerías, que guarda grandes obras maestras, y donde se encuentran actualmente dos conjuntos artísticos maravillosos:

  • Los Nenúfares de Monet
  • y la gran colección de obras Jean Water-Paul Guilleume, que abarca artistas como Piccaso, Renoir, Matisse, Cézanne o Modigliani, entre otros.

 

L'Orangerie sala de los Nenufares
Los Nenúfares

Los Nymphéas [Nenúfares]

Estas obras fueron ofrecidas por Claude Monet a Francia después del armisticio del 11 de noviembre de 1918 como símbolo de la paz. De esta forma, los Nymphéas [Nenúfares] se instalaron en 1927 en el museo de L’Orangerie pocos meses después de la muerte de su autor, a la edad de 86 años, y según él mismo había planeado, cerrando así el ciclo de Los Nenúfares, que no sólo se refiere a un cuadro, sino a toda una colección de obras, que Monet había empezado casi treinta años antes.

El conjunto es una de las más grandes realizaciones monumentales de la pintura de la primera mitad del siglo XX. Las dimensiones y la superficie sobre la que se despliegan estas obras, rodean y envuelven al espectador durante más de cien metros lineales, en los cuales se puede admirar este “paisaje acuático”, donde los nenúfares ocupan el total protagonismo, acompañando al visitante, e introduciéndole en la naturaleza debido a la gran superficie de la obra, que junto a ramas de sauce, reflejos de árboles y nubes, dan la «ilusión de ser un todo sin fin, una onda sin horizonte y sin orilla» según las palabras del propio Monet.

L'Orangerie
Nenúfares

Los nenúfares fueron un elemento recurrente en la inspiración pictórica de Monet, con casi 300 obras en esta temática, de las cuales unas 40 se realizaron en formato de gran tamaño. Los pintaba en su propia casa en Giverny, donde tenía un gran jardín que era su fuente de inspiración. Llegó a traer nenúfares de Egipto y de América del Sur, lo que molestó a las autoridades que le exigían destruirlos antes de que envenenaran el agua de la localidad.

Pintó incluso a pesar de tene cataratas, pues este motivo se había convertido en toda una obsesión, decía de sus paisajes acuáticos, “un instante, un aspecto de la naturaleza lo contiene todo”, dando lugar a que se cuestionara el porque de su difusión de figuras.

Su trabajo sin embargo no fue reconocido hasta años más tarde con la entrada de estas obras en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, siendo entonces cuando el artista se consolida, como “un puente entre el naturalismo del impresionismo temprana y la escuela contemporánea de la mayor abstracción” de Nueva York.

Fue en 1914, a la muerte de su hijo, cuando Monet calló en un estado de tristeza y falta de confianza en el futuro, encontrando una salida en el deseo de retomar un proyecto a gran escala: nenúfares “ a lo largo de paredes” como él escribiría. Llevó a cabo este proyecto, a pesar de sus dudas y obstáculos, gracias al apoyo de su gran amigo y político, George Clemenceu, quién además tenía gran interés en el arte.

Debido al gran tamaño de sus obras y a pesar de la guerra, Monet alternaba pintar dentro de su estudio, el cual tenía tejado con cristaleras para poder tener más luz, y la pintura al aire libre, siempre que el buen tiempo se lo permitiera. A pesar de que corregía sus obras permanentemente, llegando incluso a la destrucción de algunas, debido a la gran búsqueda de la perfección, consiguió terminar aquello que para él era un regalo, símbolo de paz, cuya intención era rememorar el día de la Victoria. Aunque siempre insatisfecho en la búsqueda de un trabajo perfecto, Monet consiguió terminar los 19 paneles que regaló al Estado, si bien, y con la idea de perfeccionarlos, permanecieron en su poder hasta su muerte, siendo expuestos los pocos meses de la misma.

Crear la ilusión de algo que no acaba, de olas sin horizonte o costa. Monet

La exposición actual muestra 8 paneles de los Nenúfares, en una composición creada por Monet, y ensamblados lado a la lado, todos de la misma altura, aunque de diferente longitud, que se pueden admirar a lo largo de las paredes curvas de dos habitaciones con forma de huevo del museo.

Como Monet mismo escribió, la distribución, iluminación, ritmo, tamaño y espacio que había planeado, tenían el objetivo de “crear la ilusión de algo que no acaba, de olas sin horizonte o costa”, de forma que entrando por diferentes entradas, el visitante pudiera experimentar el tiempo real a través de la iluminación del sol o en caso de estar nublado, estando además los cuadros orientados en función de las escenas que representan. Aquellas en las que el sol está saliendo, hacia el este, y las puestas de sol, hacia el oeste, siendo por tanto una representación en tiempo y en espacio.

A pesar de que los bombardeos de 1944 destruyeron la segunda habitación del museo de L’Orangerie y algunas de las obras, mientras que el resto se mantuvo milagrosamente intacto, los últimos trabajos realizados en el museo devolvieron al mismo la presentación que el propio Monet diseñó para su obra, ya que las anteriores reconstrucciones no lo habían tenido en cuenta.

A pesar del esfuerzo e interés por exponer esta gran obra, el público no lo recibió con entusiasmo en esa época ya que en ese momento había hecho su introducción en el mundo artístico el Avant-Garder : Futurismo, Cubismo, Surrealismo, Dada, etc. Fue años más tarde, en la década de los 50, en pleno siglo XX, cuando empieza a valorarse el trabajo de Monet a escala internacional, y gracias sobre todo a la llegada de arte moderno a Nueva York. Así Monet se adelantó a los tiempos, convirtiéndose en el inventor de algo que todavía hoy está de moda: la idea de un ambiente que ha alimentado a todas las corrientes en su camino hacia el momento actual, desde el minimalismo, hasta las generaciones contemporáneas, los nenúfares de L’Orangerie, han sido inspiración para la creación de numerosos artistas.

L'Orangerie MonetMonet

Claude Monet nació en París en1840 y murió en 1926, en Giverny. Aunque en un principio sus obras eran realistas, poco a poco empezó a pintar en una búsqueda de otros estilos derivando hacia el Impresionismo. Siendo su obra Impresión, sol naciente, la que daría nombre a esta corriente. Desarrolló el concepto de “series” en la pintura, en las que un motivo es pintado repetidas veces con diferente iluminación, al tiempo que empezaba a trabajar en sus estanques de Nenúfares en el jardín de su casa en Giverny, motivo que sirvió, como hemos visto, para sus series de Nenúfares, destinados a transportar al observador a ese lugar. No fue un pintor comercial, sino más bien experimental, lo cual le trajo poco dinero y un gran triunfo en la exposición impresionista de 1874. La difusión de las figuras fue cuestionada también debido a que no se supo si era por el problema de cataratas que sufría o su ambición de experimentar.

 

L'Orangerie obra de Renoir
Paisaje de nieve, Renoir

Colección Jean Walter – Paul Guillaume

Con 15 obras de Cézanne, obras Matisse, de Modigliani, Picasso, 25 obras de Renoir, Rousseau, o Soutine entre otros, la colección de Jean Walter y Paul Guillaume puede decirse que es una de las mejores colecciones de pintura de Europa, ubicada desde siempre en el museo de L’Orangerie, en un principio dependiente de El Museo del Louvre.

L'Orangerie Paul Gulliaune
Paul Gulliaune en su primera galeria

Paul Guillaume fue un joven francés apasionado del arte, quien se hizo rico y conocido, desde Europa hasta EEUU, gracias a la categoría de las obras de su colección, que abarcaba Arte moderno, Impresionismo y arte africano. El y su mujer recibieron la Legión de Honor en 1930. Cuatro años más tarde, a la edad de 42, cuando estaba pensando en entregar su obra al Estado para hacer el primer Museo de Arte del país, muere de forma inesperada.

Domenica, la viuda de Paul Guillaume, cuya afición ya fue reconocida antes de su muerte, hereda la colección y empieza a realizar cambios en la misma con la venta de numerosas obras, lo cual provoca un cambio en autores y estilos, desapareciendo prácticamente las obras de arte africano. Así, la colección de Guillaume, caracterizada por elecciones visionarias y una gran modernidad, cambió de Matisse y Picasso al eje tradicional del impresionismo: la claridad de los temas y la estabilidad de las composiciones, la frescura de la paleta con Gaugin, Monet o Sisley.

L'Orangerie el negro de la mandolina obra de André Derain
El negro de la mandolina, André Derain

Esta colección es un testimonio de la historia del arte en el periodo comprendido entre mediados (1860) del siglo XIX a 1930

Domenica se casaría posteriormente con el arquitecto Jean Walter, quien había hecho fortuna en la minería en África, quien se encarga de continuar con la colección.

L'Orangerie retrato de la señora Guillaume
Domenica, pintada por André Derain

Puede decirse que esta colección es un testimonio de la historia del arte en el periodo comprendido entre mediados (1860) del siglo XIX a 1930, debido principalmente a la variedad y calidad de obras y autores de esa época.

L'Orangerie sobrina de André Derain
Sobrina de André Derain

A finales de la década de los 50, la Sociedad de Amigos del Louvre organiza una suscripción pública con el objeto de que la Reunión de Museos Nacionales pudiera adquirir las “obras más importantes” de la colección, consiguiendo reunir ciento treinta y cinco millones de francos de la época. Después de numerosas conversaciones con la propietaria de la colección, es el 1966 cuando se inaugura la primera exposición temporal de la misma en el museo de L’Orangerie, pasando al estado en 1977 tras el fallecimiento de Domenica (Juliette Lacaze de soltera), cumpliéndose así los deseos de su primer marido, quien fue sin duda el promotor de ello y un gran visionario.

L'Orangerie reatrato de Gabrielle y Jean por RenoirGabrielle y Jean, obra de RenoirRenoir

Pierre Auguste-Renoir, pintor francés impresionista, es el artista del que más obras cuelgan de las paredes de esta exposición. La obsesión del autor por la figura femenina durante la segunda etapa de su vida se refleja en la repetición de este motivo en su prolífera obra. Cuerpo femeninos representados en paisajes o en situaciones de la vida cotidiana, inspirados a menudo en pinturas clásicas, renacentistas o barrocas, intentando transmitir una imagen sensual del Impresionismo dirigida a reflejar la belleza, llegando incluso a recordar a Rubens en sus desnudos femeninos. Su familia y personas más directas fueron modelos para su obra, que refleja así mismo, la variedad de lugar de trabajo. Por otro lado su paleta de colores y luminosidad hacen de este artista un impresionista muy especial.

L'Orangerie
Escenas de l avida cotidiana como su hijo jugando son preferencia de Renoir
L'Orangerie . Dos jóvenes, Renoir
Dos jóvenes, Renoir

L'Orangerie chicas al pianoL'Orangerie chica pensando

 

L'Orangerie la iglesia de San Pedro de Maurice Utrillo
Iglesia de San Pedro. Maurice Utrillo
L'Orangerie guarda obras de Maurice Utrillo
Notre-Dame. Maurice Utrillo
L'Orangerie paisaje con barcos
Argenteuil. Claude Monet
L'Orangerie. Video arte
Esto se complementa con una pieza de video arte en sección de arte Africano.
No Comments Yet

Deje un comentario

Su dirección de email no será publicada.

 

Woman Essentia, tu revista,

SÍGUENOS