Emily Roebling y el puente de Brooklyn

El 24 de mayo de 1883 se inauguraba el Puente de Broooklyn, uno de los puentes más conocidos y emblemáticos del mundo.

La primera persona que lo cruzaba era una mujer subida en un carruaje: Emily Warren Roebling. A pesar de haber podido estudiar ingeniería ya que en la sociedad de aquella época esto era impensable, fue la persona que hizo posible la terminación de dicho puente.

 

Emily Warren nació el 23 de septiembre de 1843 en el seno de una familia de clase media alta, lo que hizo posible que recibiera una buena educación. Fue la penúltima de doce hermanos. Tenía debilidad por su hermano Kemble Warren, quién la inscribió en la escuela de Georgetown Visitation Convent, donde estudió asignaturas como historia, geografía o matemáticas, aunque en esa época también se añadían las materias típicas que ayudaban a ser una buena esposa.

Su hermano Kemble era general del ejército americano, y fue en una de las visitas a su hermano, cuando conoce al que sería su futuro marido, el joven ingeniero Washington Roebling, que estaba al servicio de su hermano durante la Guerra Civil hacia 1864, y en menos de un año se casaban. El padre de Washington, John Augustus Roebling, era en esos momentos el ingeniero jefe encargado de construir el puente que se construía para unir Brooklyn con Manhattan.

La pareja viaja a Europa, enviados por el padre de Washington, con la misión de recopilar información sobre las nuevas técnicas de ingeniería en el uso de cajones de cimentación para la construcción del puente. Volvieron con dicha información y un hijo, al que nunca conoció su abuelo ya que nada más llegar recibieron la noticia de la muerte del padre de Washington. En esta nueva situación es él mismo el que asume la dirección del proyecto, si bien por poco tiempo, ya que tuvo que dejarlo por haber contraído el síndrome de descompresión.

Washington tenía miedo a perder el proyecto y fue cuando confía en su mujer dicha dirección. Pronto se convirtió Emily en la voz de su marido frente a los trabajadores del puente, además de ser también la interlocutora con los responsables de la ciudad. Guiada por su marido, es normal asumir que tuvo que resolver infinidad de cuestiones en relación a la construcción del mismo y los imprevistos que fueran surgiendo. El imprevisto de la enfermedad de su marido, unido a haber tenido la posibilidad de haberse formado en ciertas materias, y haberle acompañado también en su viaje de estudio hizo posible que se convirtiera así en la ingeniera en funciones, además de estar al pie de la obra. Su involucración, así como su capacidad para dirigir a los operarios, a los que dirigió a pie de obra durante 14 años, ejecutando las órdenes de su marido, enfermo en cama, les llevó a pensar que era ella la directora del proyecto, además de conseguir que se terminara el puente en 1883.

Pero su trabajo y esfuerzo no pasó desapercibido ante los ojos de los hombres, fue el congresista Abram Stevens Hewitt, alabó en el discurso inaugural, la incansable labor de Emily al frente del proyecto, reconociendo su gran mérito.

Cuando acabó la construcción, la familia se trasladó a Trenton, Nueva Jersey, donde planificaron la construcción de su hogar. A partir de ese momento Emily se involucró en la sociedad, participando en distintas asociaciones cívicas, e incluso viajando por Europa, asistiendo a la coronación del Zar Nicolás II y a una recepción con la Reina Victoria de Inglaterra. Lo cual supuso un reconocimiento internacional de su labor.

La historia nos ha dejado grandes ejemplos de mujeres, que como ella, a pesar de no haber tenido abiertas las mismas puertas que los hombres, han demostrado su capacidad, mérito y esfuerzo para realizar trabajos similares. Porque , aunque fuera a raíz de una circunstancia excepcional, como la enfermedad de su marido, lo aprovechó y fue su mismo esposo el primero en confiar en ella.

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