Juana de Arco. Guerrera y visionaria

Pocas santas han sido tan retratadas en pinturas y esculturas, como Juana de Arco, patrona de Francia.

Fue una joven francesa de la Edad Media, que murió quemada con sólo 19 años. La historia de su vida ha sido un tema de fascinante atractivo para artistas de todas las épocas. Es cercana a santa Catalina de Siena, patrona de Italia y de Europa. Son dos jóvenes mujeres del pueblo, laicas y consagradas en la virginidad, dos místicas comprometidas, no en el claustro, sino en medio de las realidades más dramáticas del mundo de su tiempo. Son de esas “mujeres fuertes” que transmitieron luz en una época de oscuridad. La Iglesia, vivía la profunda crisis del gran cisma de Occidente. Cuando Juana nació, en 1412, había un Papa y dos anti-papas herejes. Además de esta división en la Iglesia, había continuas guerras, la más dramática, la interminable “Guerra de los cien años” entre Francia e Inglaterra.

Juana nació en Domremy, un pequeño pueblo situado en la frontera entre Francia y Lorena. Sus padres eran campesinos acomodados. Con sólo 13 años, la niña escuchó la voz del arcángel San Miguel que la hizo sentir la llamada a intensificar su fe y a comprometerse personalmente por la liberación del pueblo francés. Tras las voces, tuvo visiones del Angel y de la Virgen que le inspirarán a luchar durante su corta vida.

Juana de Arco no sabía ni leer ni escribir, pero puede ser conocida en lo más profundo de su alma gracias a dos fuentes de excepcional valor histórico: los dos procesos de condena que tuvo que sufrir.

Con sólo 17 años, era ya una joven fuerte y decidida. Superando obstáculos, viajó a ver al Delfín de Francia, el futuro Rey Carlos. Este dudó de su cordura y en Poitiers la sometió a examen por teólogos de la Universidad. Fue declarada inocente.

En 1429, Juana dictó una importante carta al Rey de Inglaterra y su ejército que asedian la ciudad de Orleans. Su otro momento culminante fue la asistencia a la coronación del Rey Carlos VII en Reims. Durante un año, Juana convivió en campos de batalla, viajó y luchó con los soldados, realizando una verdadera misión de evangelización. Numerosos testimonios narraron su bondad, valor y extraordinaria pureza. Era llamada por todos “la doncella de Orleans” (doncella significaba virgen). La pasión de Juana comenzó en 1430, al caer prisionera en manos de sus enemigos que la encerraron en Rouen. Allí la sometieron a un largo y dramático Proceso de Condena. Duró cuatro meses y acabó siendo condenada injustamente a morir quemada en la hoguera. Antes de que la prendieran el fuego, pidió un crucifijo y sus últimas palabras fueron “Jesus, Jesus, Jesus”.

Durante un año, Juana convivió en campos de batalla, viajó y luchó con los soldados, realizando una verdadera misión de evangelización

Pintores y escultores la han representado desde que tuvo visiones de apariciones, pasando por su relación con el rey, sus viajes a caballo, sus luchas junto al ejército y por último, su trágica muerte, como mártir de la Inquisición en una plaza pública. Juana de Arco fue canonizada en 1920 por el papa Benedicto XV. Tuvo una profunda influencia sobre otra joven Santa mas reciente: Teresa del Niño Jesús. Esta es muy posterior y con una vida completamente distinta pues vivió en la clausura de un convento carmelita. Santa Teresita de Lisieux, sintió gran admiración por su compatriota Juana de Arco. Incluso escogió hacer su papel en una obra de teatro para las monjas. Las dos Santas francesas murieron jovencísimas, pronunciando el nombre de Jesus. Quizá por eso la Iglesia las ha reunido como Patronas de Francia. En su estandarte de guerra, Juana de Arco hizo pintar una imagen con las palabras “Nuestro Señor que sostiene el mundo”.

Su personaje sigue siendo de actualidad como prueban tres películas sobre su vida: “La pasión de Juana de Arco” (1928), “Joan of Arc”, protagonizada por Ingrid Bergman (1948) que ganó dos Oscars y la más reciente, “Jeanne d’Arc” o “The Messenger” con Mila Jovovich, Faye Danaway y Dustin Hoffman (1999).

Sin duda, Juana fue una de las mujeres más fuertes y emblemáticas de toda Europa, con una personalidad arrolladora, más digna del Siglo XXI que de la Edad Media. Hubiera sido interesante ver hasta dónde hubiera podido llegar de no haber muerto tan joven. Sin embargo, su estela seguirá viva eternamente y sus imágenes en el arte son la mejor forma de recordarla.

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