El coleccionista de libros

Un joven coleccionista de libros paseaba por un mercado de antigüedades, buscando algún título que añadir a su colección. Llevaba un par de novelas bajo el brazo cuando halló un volúmen que perseguía desde hacía mucho tiempo y que daba por imposible encontrar. Era un ejemplar hermoso, muy bien conservado a pesar de sus muchos años.

Por su experiencia, sabía que era una de las pocas copias que existían de la obra; por eso mismo, aquel libro era muy valioso. No dudó en comprarlo. Después corrió a su casa, para colocarlo en un lugar especial de su biblioteca; un sitio donde pudiera presumir de él pero, a la vez, estuviera a salvo de manos ajenas.

Le encantaba sentarse a contemplarlo. Pensar que era de los pocos afortunados que poseían uno de sus ejemplares, le hacía sentirse mejor que los demás bibliófilos que conocía. Por eso no dejaba que sus amigos ni sus familiares tocaran la joya de su colección.

Los suyos le preguntaban si se lo había leído ya y si sería tan amable de prestarlo para que otros pudieran disfrutar de su contenido. Él se negaba, alegando que era demasiado delicado, incluso, para tocarlo.

Años después, su biblioteca había crecido y aquel ejemplar seguía siendo su pieza favorita. Cuando se hizo bastante mayor, después de haber oído muchas veces que aquel tesoro que con tanto recelo guardaba podría entretener a muchos lectores, decidió sentarse a leerlo por primera vez.

Cuesta describir la decepción que se llevó el anciano cuando, al abrir las tapas con sumo cuidado, comprobó que el tiempo había borrado todas las palabras.

 

 

Patricia Rus

Ganadora de la XI Edición Excelencia Lteraria.

www.excelencialiteraria.com

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