El Círculo: Cuando el futuro es presente

Mae Holland es una joven atractiva e inteligente que vive preocupada por su precario empleo y por la salud de su padre, que padece esclerosis múltiple. Cuando la contratan en El círculo, la empresa de internet más importante del mundo, su vida cambiará radicalmente.

Sobre el papel, El círculo es una de esas películas llamadas a convertirse en un éxito de taquilla. Estamos ante la adaptación de un best-seller –la novela homónima de Dave Eggers- dirigida y escrita por un cineasta que convenció a la crítica gracias a la interesantísima The end of the tour- y protagonizada por dos valores seguros: el casi clásico Tom Hanks y la emergente Emma Watson.

Con semejantes mimbres, el resultado, desde el punto de vista cinematográfico, deja bastante que desear. A la película le falta ritmo –algo imperdonable en un thriller- se empantana en todo su segundo tramo, carece de suspense y el arco de transformación de los personajes, además de ser muy escaso, no está bien contado.

De todas formas, a pesar de estos fallos no menores, estamos ante una película muy interesante por el tema y porque nos habla de una realidad que no podemos considerar futura, pues está ya más que instalada en nuestras vidas. Me explico: se supone que estamos ante una película de ciencia ficción, uno de esos títulos que habitan seres clonados y extraterrestres que hablan lenguas ininteligibles. Y, sin embargo, todo lo que cuenta El círculo es rabiosamente actual. El círculo, de hecho, podría ser Google. Desde el modo en el que trabajan sus empleados –que juegan en otra liga en lo que se refiere a derechos y beneficios del trabajador- hasta la omnipresencia de la marca en cada vez más facetas de la vida de los ciudadanos (y lo dice una que está convencida que gracias a Google mi vida es más sencilla). Las amenazas que se ciernen sobre los protagonistas de esta cinta son las mismas que vemos nosotros. La falta de privacidad, que en el caso de la película es total, es una de las grandes preocupaciones del usuario de cualquiera de las redes sociales.

Pero, sobre todo, resulta interesante comprobar como el tándem capitalismo y redes sociales puede provocar auténticos desórdenes si estas redes caen en manos de directivos que trabajan al margen de la ética. En los orígenes de internet hay una filosofía de colaboración y altruismo cada vez más diluidos por las propias necesidades económicas: un negocio tiene que ser medianamente rentable para seguir funcionando.

Esto se entiende. Pero si estas expectativas económicas se disparan y el único fin de las empresas tecnológicas es ganar cuanto más dinero mejor, sin tener en cuenta otros parámetros y olvidando su objetivo de servicio al ciudadano, pueden convertirse en armas de destrucción casi masiva. Un auténtico efecto boomerang. Es de lo que habla El círculo. De una, aparentemente lejana, amenaza… que tenemos muy muy cerca.

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