Nadie es menos que nadie al volante

El respeto es fundamental, en caso contrario se puede recurrir al paternalismo y la clemencia.

Este artículo pretende ampliar nuestro conocimiento entorno al uso de la vía pública y de vehículos por parte de algunos hombres, que llegan a utilizar su rol de conductores como una oportunidad de expresión de las masculinidades, incluso adoptando actitudes de riesgo.

 Francisco José Peña González es un hombre de su tiempo. Esta frase – cambiándole el nombre del protagonista- parece ser utilizada para todo y en circunstancias bien distintas. Pero siempre con el propósito de hacer saber que el hombre o mujer afín a su tiempo, es aquel ser humano capaz de adaptarse e incluso adelantarse a las necesidades de su entorno, a entregar lo mejor de sí mismo en pro de los demás. Repito: Francisco José Peña González sí es un hombre de este AHORA que vivimos y protagonizamos todos, sin excepción. Porque nadie se queda sin un papel que cumplir y todos son esenciales.

“El comportamiento que se realiza por parte de hombres y mujeres está supeditado a unos esquemas de género, los cuales condicionan las relaciones entre todas las personas. Dentro de estos esquemas de relación también se presentan los relacionados con el tráfico de vehículos”

Después de leer esta frase, aumenta mi interés por conocer al autor de tan novedosa reflexión. Aunque ya en el momento de preparar la entrevista con Francisco, suponía que iba a ser muy interesante. En parte, porque su faceta profesional consta de los pilares que, a mi juicio, le alejan de la rutina y mucho más del desencanto general. Estos tres pilares son: la acción, la formación y la divulgación.

Francisco es trabajador social y policía local. Es por tanto un hombre de acción: observa y actúa cubriendo la necesidad de las personas que esperan de él un resultado eficaz para equilibrar la armonía que debería guiar, siempre, nuestro comportamiento en sociedad.

Además, tiene muchas inquietudes intelectuales. Hemos tenido la oportunidad de leer su trabajo de fin de Máster Universitario en Género e Igualdad, impartido por la Universidad Pablo de Olavide y es un privilegio compartir algunas de sus conclusiones para todos los lectores de esta revista.

El título de su investigación es: “Género y Accidentes de Tráfico”- La relación entre la construcción social de género y la asunción de siniestralidad vial y sus consecuencias”

Francisco investiga y comparte su análisis en torno a una situación muy cotidiana, pero que pasa desapercibida entre nosotros, precisamente, porque su existencia es muy habitual. Y concederle esta cotidianidad nos ha despistado hasta el punto de que no hemos sabido adelantarnos a sus consecuencias. No somos conscientes de su transcendencia:

“Es probada la mayor presencia de las mujeres en las plazas de ocupantes en los accidentes de tráfico y la mayor aparición de los hombres en las plazas de conductores. Podremos pensar que esta conclusión es tan solo un hecho aislado, no significativo y que carece de explicación relacionada con el objeto de este proyecto. Pues precisamente la base fundamental por la que se genera este argumento es la observación práctica en la asistencia diaria a lesionados y lesionadas en accidentes de tráfico.

Una de las explicaciones por las que podríamos justificar las prácticas de determinados hechos, hábitos, comportamientos y actitudes es precisamente sobre lo que trata fundamentalmente este proyecto.Es decir, la importancia que tienen las construcciones sociales de género en la relación con los accidentes de tráfico y sus consecuencias.

En este sentido, se puede establecer una conexión de manera directa entre las relaciones existentes dentro del ámbito familiar y en el habitáculo de un vehículo.

De manera que cuando observamos que las mujeres ocupan un asiento como acompañante lo hacen de manera naturalizada, dejándoles el ejercicio del poder en ese momento a los hombres, que son quienes controlan la situación de la conducción y por tanto, la seguridad de los ocupantes. Pudiendo por tanto, ellos decidir el trayecto a seguir, la manera de realizarlo y por supuesto de cómo se desarrolle el acontecimiento en sí va a depender de una mayor exposición a un riesgo o no en la conducción.” 

  • Francisco, en tu trabajo de investigación concluyes que las reglas adoptadas dentro del vehículo familiar son asumidas por los miembros, sin críticas, porque precisamente los papeles que interpretan dentro de ese pequeño espacio son los que ya desempeñan en su hogar. ¿Es así?

“Así es. Podemos establecer una atribución por ESTEREOTIPOS o ESQUEMAS DE GÉNERO A HOMBRES Y MUJERES RELACIONADOS CON LOS ESTABLECIDOS EN LOS ESPACIOS PRIVADOS DEL AMBITO DOMÉSTICO. Es decir, que aquellos roles preferentemente instrumentales adjudicados a los hombres se les otorgan de igual manera en el momento de usar un turismo, al igual que aquellos roles expresivos son atribuidos a las mujeres en el momento de ocupar una plaza de ocupante. De esta manera se puede ejercer un cierto poder del conductor del mismo sobre el grupo, ya que además de ser el responsable de todos los ocupantes del vehículo, es quien decide en última instancia dónde, cómo y cuándo circula el resto del grupo que traslada.”

Sin duda, si la pareja convive en su hogar compartiendo y respetando sus atribuciones familiares, también lo hará en el instante de que uno u otro asuma la responsabilidad como conductor. Esta reflexión es necesaria y deseable, pero desgraciadamente no siempre ocurre.

Otro aspecto que nos explica Francisco se corresponde al hecho que muchos varones, cuando conducen, asumen situaciones de riesgo innecesarias solo por el hecho de construir las secuencias que forman su masculinidad. Y pueden acarrear consecuencias muy negativas. En los datos estadísticos en los medios de comunicación no se presentan los lesionados o lesionadas de un accidente de tráfico. Sí lo hacen los fallecidos y fallecidas; tampoco están diferenciados si es conductor o conductora en ambos casos.

Ahora bien, en los datos que manejamos en mi ciudad sí constatamos que hay mayor presencia de las lesionadas cuando viajan como acompañantes.

Otro aspecto importante es que en la construcción de “buena conductora” se premia la diligencia, la seguridad y la no infracción a la norma. Sin embargo – como he dicho antes- cuando el que conduce es el varón se valoran positivamente conductas de riesgo innecesarias a priori que parecen imprescindibles para la perpetuación de su hegemonía, de su hombría”.

A pesar de los cambios sociales, hay ideas que aún se resisten. Uno de estos tópicos es la habilidad casi innata de los hombres en el uso y disfrute de las tecnologías, entre ellas los medios de transporte.

No se entiende la perpetuidad de estas afirmaciones cuando la capacidad intelectual es la misma para ambos sexos. Aunque siempre con matices: Es importante pararse en algunas cifras que creo que pueden ser de interés para todos. En el año 2012 se ejecutaron en España un total de 61.161 sentencias por delitos contra la seguridad vial, casi el 93% protagonizadas por hombres. Y de ese 93%, el 62% de las infracciones tuvieron relación con la ingesta de alcohol y otras sustancias estimulantes. Estas cifras son realmente problemáticas”

Otro detalle que nos facilita Francisco: en caso de accidente de tráfico y con resultado de heridos en la familia, de los dos progenitores, es la mujer -mayoritariamente- la que asume el roll de cuidadora. El varón, tras el accidente, trata de incorporarse lo antes posible a su vida pública porque cree necesario recuperar y mantener su hegemonía cuanto antes.Es importante que reconozcamos que si continuamos reproduciendo los estereotipos de género, no habrá cambios generacionales importantes. Y es necesario que los haya”

  • Francisco, hablemos sobre los servicios de atención a personas con discapacidad (soy consciente de que este término suele emplearse y no es el más adecuado)

“Exacto, pienso que las personas con diversas capacidades presentan unas necesidades específicas. Pero por desgracia, la sociedad no siempre está preparada para atenderles: a una persona que presenta una diversidad funcional o una discapacidad (temporal o no) deberíamos presentarles, en todos los ámbitos, las adaptaciones que necesite. Un ejemplo fácil de entender es la colocación de una rampa en el acceso a un edificio, con el objetivo global de que su utilización servirá a la totalidad de la población.

Hay que garantizar el bienestar social y desde el ámbito de los servicios de emergencia estamos apostando por ello”.

Nuestro entrevistado participó en el Congreso Internacional Madrid sin barreras: Accesibilidad, ajustes y apoyos. Y lo hizo con la ponencia “El papel activo de las personas con discapacidad en la sociedad actual en situaciones de emergencia”. La diversidad, la característica que nos define, que nos identifica. En este sentido, es admirable el trabajo que realiza GEDES – Grupo de Trabajo de Educación, Discapacidad, Emergencia y Seguridad- al que pertenece también Francisco José Peña. Un grupo interdisciplinar cuyo motor es la responsabilidad, profesionalidad y la implicación personal. “Porque cada día, todos, aprendemos de los demás y aportamos a los demás”.

Rescatamos y reproducimos un párrafo de la mencionada ponencia desarrollada junto con Yolanda Hernández Porras, ASPAYM – Madrid. En las siguientes líneas se insiste en la presencia de esta diversidad social, sus derechos, oportunidades y obligaciones:

“Ya en 2006, con la adhesión de España a la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, nuestro país dio un paso de gigante hacia el reconocimiento de las personas con discapacidad, ya que supone un compromiso de la Administración, principal actor en la redacción de la normativa que garantice la plena inclusión y una verdadera integración.

Para ello es fundamental la prevención y la supresión de las barreras que impiden a estas personas acceder a la movilidad, a los bienes y a los servicios en condiciones de igualdad con los demás ciudadanos. La natural evolución de la sociedad ha permitido que estos colectivos gocen de mayor autonomía personal y profesional y cada vez estén más integrados en todos los ámbitos de la misma. Lleva esto a un incremento de su vulnerabilidad y la mayor posibilidad de poder ser sujeto de una situación de urgencia y/o emergencia: accidente de tráfico, incendio, confinamiento, problemas de salud… una simple evacuación preventiva, en la que puede necesitar de la asistencia inicial de cualquier ciudadano/a o de los servicios correspondientes.

Esta autonomía crecerá en la medida que desplacemos nuestra atención desde las necesidades que estas personas puedan presentar y la inclinemos hacia el fomento y desarrollo de sus capacidades, la estimulación de las potencialidades de aprendizajes presentes y la puesta a disposición de los apoyos necesarios para formar parte de la sociedad en las mismas condiciones que lo hace el resto de la población.

Por otro lado, la respuesta que desde los distintos ámbitos de intervención ofrezcamos, será más rigurosa, segura y eficiente en la medida que quienes tienen que llevarla a cabo amplíen sus conocimientos acerca de las características de las personas a atender y de las estrategias para poder relacionarnos y comunicarnos con ellas.”

Muchos son los aspectos profesionales de Francisco José Peña González que tal vez, en otra ocasión, podamos exponer en esta revista. Trabajos relacionados con Inmigración y extranjería; adolescencia, ocio y riesgos sociales, así como las actuaciones ante las víctimas de maltrato doméstico; entre otros. “Mi deber es un servicio público a la integridad de la comunidad y aquí debo contemplar la diversidad a la que yo me debo adaptar, para atenderla debidamente”.

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