La conferencia

 

A raíz de un estudio editado por el Ayuntamiento de Granada, en Juez Calatayud, escribió hace unos días el siguiente mensaje en su blog “Buenas, soy Emilio Calatayud. El Ayuntamiento de Granada ha editado un estudio titulado ‘La violencia sexual en adolescentes de Granada’, cuya autora es la socióloga Carmen Ruiz Repullo y se basa en 1.200  entrevistas con chicos y chicas que estudian en distintos institutos de la capital. El resultado de la investigación no es precisamente alentador. Por ejemplo, el 90% de los chicos, de los hombres en ciernes, justifica la violencia sexual escudándose en el consumo de alcohol y drogas. Pues no, señores, no. Cuando una chica dice que no es que no -es el lema municipal de la campaña contra estas actitudes-. No hay excusas que valgan. Tal y como me apunta mi maestra, ya lo dice el refranero: “El que borracho canta una copla es que sobrio la ha ‘ensayao’”. 

Creo que todos conocemos la gran labor del juez Emilio Calatayud en base a una gran experiencia como juez de menores, que hace que sus conclusiones nunca se cuestionen, como poco cuestionables son las conclusiones de dicho informe.

Estuvo invitado en Málaga por la Fundación Mujeres en Igualdad, cuya presidenta Adriana Alba, fue la encargada de su presentación.

“La conferencia”, como así indicó el juez, ya que siempre intenta repetir las mismas ideas,  parece tener el objetivo de que padres, educadores e instituciones, aprendamos por fin e intentemos ponerlo en práctica. Además de demandar socialmente el deseado pacto por la educación, pero un pacto serio, que busque realmente el beneficio del menor.

Quizás a fuerza de repetir y repetir, lleguemos a utilizar el sentido común y empecemos a tomar más en serio el futuro de esta sociedad.

Su señoría siempre ha hablado en su nombre, como juez que es, como padre y ciudadano …y como este es un país libre….dice lo que piensa.

Pese a vivir en un país donde hay muchas cosas que no son políticamente correctas, el no duda en seguirlas diciendo con el tono claro y a veces divertido, que le caracteriza. La educación es una labor de todos: padres, educadores, leyes e instituciones. Apeló una vez más a la gran responsabilidad de los medios de comunicación y de los políticos, no en vano lleva pidiendo un pacto por el menor, y esperándolo también. Porque actualmente los menores son los que gozan de todos los derechos, por encima de padres y educadores.

Aunque algunas cosas que contó eran relativamente conocidas a través de los medios, la crudeza de su realidad, que D.Emilio nos desvela sin ningún tipo de tapujos, nos vuelve a asombrar y nos apela a preguntarnos no sólo por el mundo al que nos dirigimos, o el que dejaremos de legado, sino el mundo en que ya estamos.

Para el juez la familia, a pesar de sus cambios, es la célula de la sociedad. El problema es que la familia nuclear está cambiando, y por tanto,  habría que regular también las nuevas relaciones, porque ya están empezando a plantear nuevos problemas. El chantaje y manipulación de muchos padres separados se va ampliando, además los que no tienen la custodia, suelen justificar todo de sus hijos. Aumenta así la complejidad de las relaciones, nos encontramos con padres separados con sus vidas rehechas con otras parejas y los hijos de unos y de otros conviviendo bajo el mismo techo; y de telón de fondo las relaciones entre las ex-parejas con los niños «como arma arrojadiza».

Recordamos aquí El famoso Decálogo para formar a un delincuente incluido en su libro Reflexiones de un juez de menores, ya que nos recomendó tenerlo colgado en la puerta de la nevera, el cual no es una invención, sino resultado de la experiencia de la policía.

  1. Dadle al menor todo cuanto desee, así crecerá convencido de que el mundo entero le debe todo.
  2. Reídle todas sus groserías, tonterías y salidas de tono: así crecerá convencido de que es muy gracioso y no entenderá cuando en el colegio le llamen la atención por los mismos hechos.
  3. No le deis ninguna formación espiritual: ¡ya la escogerá él cuando sea mayor!
  4. Nunca le digáis que lo que hace está mal: podría adquirir complejos de culpabilidad y vivir frustrado. Primero creerá que le tienen manía y, más tarde, se convencerá de que la culpa es de la sociedad.
  5. Recoged todo lo que vaya dejando tirado: así crecerá pensando que todo el mundo está a su servicio; su madre la primera.
  6. Dejadle ver y leer todo: limpiad con detergente, que desinfecta, la vajilla en la que come, pero dejad que su espíritu se recree con cualquier porquería. Pronto dejará de tener criterio recto.
  7. Padre y madre, discutid delante de él, así se irá acostumbrando. Y cuando la familia esté ya destrozada, lo encontrará de lo más normal, no se dará ni cuenta.
  8. Dadle todo el dinero que quiera: así crecerá pensando que para disponer de dinero no hace falta trabajar, porque basta con pedir.
  9. Que todos sus deseos estén satisfechos al instante: comer, beber, divertirse… ¡De otro modo podría acabar siendo un frustrado!
  10. Dadle siempre la razón: son los profesores, la gente, las leyes… quienes la tienen tomada con él.

Una vez más, el juez denunció la anulación del articulo 154 del CC, así como la falta de interés en  transmitir la importancia que tiene el articulo 155 de dicho Código, el cual recuerda ciertas obligaciones para los hijos.

Artículo 155

Los hijos deben:
1. Obedecer a sus padres mientras permanezcan bajo su potestad, y respetarles siempre.
2. Contribuir equitativamente, según sus posibilidades, al levantamiento de las cargas de la familia mientras convivan con ella.

El último párrafo del artículo 154 del CC que ha quedado eliminado decía así: Los padres podrán, en el ejercicio de su potestad recabar el auxilio de la autoridad. Podrán también corregir razonable y moderadamente a los hijos

Realmente no queda muy claro el tema, y con esta eliminación parece que es únicamente la autoridad, la que tiene la potestad de corregir, y no los padres.

Ante esa situación que elimina el derecho sancionador de los padres, y el disparate de confundir un cachete con un maltrato, los jueces de menores, en su última reunión en Valladolid, pedían que se corrigiera el Código Civil y se volviera a dejar dicho artículo 154 como estaba anteriormente. Ante la falta de madurez democrática para manejar las situaciones, el juez denunciaba también la falta de sentido común, muy valorado cuando se pierde.

Todo este sinsentido lleva al maltrato de los hijos hacia los padres, no hay respeto y además, los datos muestran desgraciadamente que este maltrato esta aumentando en familias de clase media y media-alta, así cómo en niños adoptados hacia sus padres adoptivos, tapándose el número de devoluciones de estos niños.

Su charla fue sin duda una denuncia de la pérdida de respeto y valores, y un aviso de las consecuencias que trae seguir así y no hacer nada por arreglarlo.

Además, paradójicamente los niños son cada vez más machistas y más violentos y las niñas son cada vez más machistas y más violentas, y como resumen, se podría decir que  estamos en una situación de marcha atrás.

Las situaciones de falta de espeto se producen primero en la familia y luego en el colegio y la autoridad por tanto, hay que vivirla en la casa primero, si los padres no se la creen, los niños menos creerán en la autoridad.”

El magistrado dirigió un mensaje a las madres separadas que están dispuestas a renunciar a todo por la custodia de sus hijos. “¡No seáis tontas, no seáis madres coraje!: vuestra vida la vais a vivir sólo vosotras, no vuestros hijos; y al final resulta que la mala eres tú porque te encargas de ser recta con los niños durante el tiempo que están contigo y durante el fin de semana el padre los malcría.”

El juez ha impuesto 250 condenas ejemplarizantes que obligaban a realizar la enseñanza obligatoria y aprender a leer. El sistema falla cuando, a pesar de la enseñanza obligatoria, hay tantos niños que no tienen ningún tipo de formación. Contó entonces la anécdota de un chico que le pidió la condena de empezar a escribir para así tener una ventada abierta a la libertad.

Hizo un repaso de los graves problemas que están dañando a la juventud, al alcohol y las drogas, se le añaden los derivados de las nuevas tecnologías como las apuestas por internet que está generando una gran cantidad de ludópatas, el móvil y las tablet. Y en este sentido, son los padres los culpables de este tipo de regalos que se han convertido en un instrumento muy peligroso para cometer hechos delictivos, acosos, chantajes, coacciones contra el honor y la intimidad.

“El problema de la sociedad es que está elevando a la categoría de normal, situaciones que no lo son. Y los padres ya no conocen a sus hijos ni a sus hijas.”

Ante esto recuerda el contrato que una madre americana de 5 hijos hizo firmar al primero hace unos años y que se hizo viral , El chico le suplicó durante casi un año y consciente de la responsabilidad, la madre le hizo firmar 18 normas, que pensó también le servirían para la vida:

Esta imagen ilustra el blog de Janell Burley Hofman

  1. Es mi teléfono. Yo lo compré. Yo lo pagué. Yo te lo presto. ¿A qué soy genial?
  2. Yo siempre sabré la contraseña.
  3. Si suena, cógelo. Di «hola». Sé educado. Coge siempre, siempre, la llamada de mamá y papá.
  4. Entregará el teléfono a mamá o a papá a las 7:30 de la mañana cada día de colegio y a las 9:00 de la tarde durante el fin de semana. Estará apagado toda la noche y se volverá a encender a las 7:30 de la mañana. Si no llamarías al teléfono fijo de alguien, porque pueden responder sus padres, tampoco llames o envíes mensajes al móvil. Respeta a las otras familias como nos gusta que nos respeten a nosotros.
  5. No te llevarás el iPhone al colegio. Conversa y habla con la gente y con tus amigos en persona. Los días de media jornada, las excursiones y las actividades extraescolares requerirán consideraciones especiales.
  6. Si el iPhone se cae, se golpea o se estropea, tú eres el responsable. Por tanto, asumirás los costes de la sustitución o de la reparación. Para ello ahorra dinero de tu cumpleaños o realiza otros trabajos: corta el césped, haz de canguro… Si el iPhone se rompe, tendrás que estar preparado.
  7. No uses el iPhone para mentir, hacer tonterías o engañar a otro ser humano. No te involucres en conversaciones que sean dañinas para los demás. Sé un buen amigo.
  8. No envíes mensajes, correos electrónicos o digas nada a través del iPhone que no dirías en persona.
  9. No envíes mensajes, correos electrónicos o digas a alguien algo que no le dirías en voz alta y en presencia de sus padres. Autocensúrate.
  10. Nada de pornografía. Busca en la web información que compartirías abiertamente conmigo. Si tienes alguna duda sobre algo, pregunta a una persona. Preferiblemente, a tu padre o a mí.
  11. Apágalo o siléncialo cuando te encuentres en lugares públicos. Especialmente en restaurantes, en el cine o mientras hablas con otro ser humano. No eres una persona maleducada, no dejes que el iPhone cambie eso.
  12. No envíes ni recibas imágenes íntimas tuyas ni de otras personas. No te rías. Algún día estarás tentado de hacerlo, a pesar de tu gran inteligencia. Es arriesgado y puede arruinar tu vida de adolescente, joven y adulto. Es siempre una mala idea. El ciberespacio es más poderoso que tú. Y es difícil hacer que algo de esa magnitud desaparezca, incluyendo una mala reputación.
  13. No hagas millones de fotos o vídeos. No hay necesidad de documentar todo. Vive tus experiencias. Quedarán almacenas en tu memoria para toda la eternidad.
  14. A veces conviene dejar el iPhone en casa. Siéntete seguro de esa decisión. No es un ser vivo ni una ninguna extensión de tu cuerpo. Aprende a vivir sin él. Tienes que vencer el miedo a perderte algo que está ocurriendo y a estar siempre conectado.
  15. Bájate música que sea nueva o clásica o diferente de la que millones de chicos como tú escuchan, que es siempre lo mismo. Tu generación tiene un acceso a la música mayor que cualquier otra de la historia. Aprovécha ese don. Expande tus horizontes.

    16. De vez en cuando puedes jugar a juegos de palabras, puzzles y rompecabezas.

  1. Mantén tus ojos abiertos. Observa el mundo que te rodea. Mira por la ventana. Escucha a los pájaros. Date un paseo. Habla con un desconocido. Pregúntate sin es necesario buscar en Google.
  2. Meterás la pata. Te quitaré el teléfono. Nos sentaremos y hablaremos sobre ello. Volveremos a empezar. Tú y yo siempre estamos aprendiendo. Somos un equipo. Estamos juntos en esto.

Un año después, Janell escribió un nuevo artículo en The Huffingon Post donde reconocía que el contrato funcionaba, aunque no había sido fácil. Como ella esperaba, le tuvo que quitar el teléfono y comenzar de nuevo. Pero los resultados han sido positivos: ella ha aprendido, gracias a su hijo, sobre nuevas aplicaciones y redes sociales.. Decía Janell «todos tratamos de mantener los ojos abiertos. Ver cómo el mundo pasa a nuestro alrededor. Nuestras normas tecnológicas no solo se aplican al iPhone, también a la vida”.

La falta de educación en valores hace plantearse al juez una pregunta: ¿cómo educar a un chico que nunca ha estado educado? . Pero sólo encuentra una respuesta ante la situación actual “dándole derechos pero exigencias y deberes al mismo tiempo.”

En su continua denuncia de las carencias legales para la ayudar a una sociedad mejor, también reconoció la necesidad de los llamados internamientos terapéuticos para niños con problemas mentales, situación que está aumentando por el consumo de sustancias a edades cada vez más tempranas.

Como conclusión, pidió que los padres eduquen y que el gobierno les devuelva la autoridad. Hay una gran necesidad de compromiso entre todas las partes implicadas, padres, profesores y legisladores. «Hay que apretarle más a los padres, dar el derecho de corrección a los hijos y reforzar su autoridad y la del maestro»

Para terminar, recitó un poema atribuido a Bertolt Brech

Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas,
guardé silencio,
porque yo no era comunista,

Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,
guardé silencio,
porque yo no era socialdemócrata,

Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,
no protesté,
porque yo no era sindicalista,

Cuando vinieron a llevarse a los judíos,
no protesté,
porque yo no era judío,

Cuando vinieron a buscarme,
no había nadie más que pudiera protestar.

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