Humilde, con hambre y empático: El jugador ideal del equipo

Si alguien nos pidiera que confeccionásemos una lista con las virtudes más valiosas que una persona debería perfeccionar para prosperar en el mundo laboral, y en la vida, posiblemente entre esas primeras cualidades seleccionaríamos la capacidad de trabajar en grupo eficazmente.

En esta necesidad de trabajar en grupo se basa el libro “EQUIPOS ESENCIALES “, editado por Empresa Activa- Ediciones Urano.

Su autor, Patrick Lencioni, se vale de la historia de un ejecutivo que tiene que salvar una empresa cargada de problemas internos. El texto complementa a su anterior “Las cinco disfunciones de un equipo” del que ya se han vendido millones de ejemplares en más de treinta idiomas.

Patrick Lencioni, reconocido escritor norteamericano de libros dedicados a la administración de empresas, principalmente en el campo de la gestión de equipos, vuelve a dar en el diana cuando describe a los líderes como personas capaces de encontrar, contratar y formar empleados con humildad, hambre y empatía. Considera que son hábiles en formar equipos, reduciendo los penosos costes asociados a las intrigas, las rotaciones y los problemas de moral.

“Determinar quién debe integrar un equipo, es esencial para conseguir la ventaja competitiva de una organización.”

Según el texto de Patrick Lencioni, quienes carecen de humildad, de hambre y de empatía, tienen pocas posibilidades de ser miembros valiosos para su equipo. Además, el autor analiza las tres cualidades desde el punto de vista de un miembro del equipo que solo posee o humildad o hambre o empatía. Y llega a conclusiones muy curiosas:

Las personas que solo son humildes pero carecen por completo de hambre o de empatía son los “peones” de un equipo. Son gente agradable, bondadosa y sin pretensiones, no sienten una gran necesidad de hacer cosas. Los peones no generan problemas, así que puede sobrevivir durante bastante tiempo en los equipos que valoran la armonía y no exigen resultados. A las personas que tienen hambre pero no son humildes o empáticas podemos considerarlas unas “excavadoras. Estarán dispuestas a hacer cosas pero con la atención puesta en sus propios intereses y sin comprender ni preocuparles el efecto que tenga sus actos en los demás. Pueden prosperar y no corregir sus carencias durante largos periodos de tiempo. Son destructores rápidos de los equipos. Y las personas empáticas pero que carecen por completo de humildad y hambre son las “seductoras”.

 

Si este análisis les parece sencillo, casi simple, no se confundan porque el experto Patrick Lencioni amplía la identificación y consecuente encasillamiento entre los potenciales integrantes de un equipo de trabajo. En consecuencia nos habla en su libro de las personas cuyas virtudes suelen camuflar sus propios defectos. Un ejemplo es el liante accidental, dícese de quien genera problemas innecesarios en el equipo pero sin mala intención. También nos define al vago adorable, tristemente suele hacer solo lo que se le pide y es experto en colaborar con sus colegas e incluso preocuparse por ellos. Igualmente nos describe al intrigante avispado como inteligentemente ambicioso y dispuesto a trabajar con denuedo, pero solo en la medida que hacerlo le beneficie personalmente. Se le da muy bien presentarse como humilde, lo que hace que a los líderes les cueste identificarle y hacer frente a sus destructivas conductas.

“Identificar de forma precisa a las personas como excavadoras, seductores, peones, liantes accidentales, vagos adorables o intrigantes avispados no siempre es fácil y no debería hacerse a tontas y a locas”.

Patrick Lencioni nos recuerda que etiquetar erróneamente al miembro de un equipo, aunque sea en privado o en broma, puede ser dañino, Y los jefes tendrán que ser empáticos a la hora de utilizar los términos con sus empleados.

Después de leer este libro y recordar las peripecias de su protagonista Jeff Shanley buscando el camino para salvar una empresa llena de problemas internos, aunque con gente capacitada, nos quedamos con varias conclusiones que puede sirvan para fomentar las cualidades del ideal jugador de equipo.

Esta receta mágica es una suma proporcionada de humildad (un ego reducido en lo que respecta a las necesidades de atención), hambre (trabajar con energía, pasión, responsabilidad personal, asumiendo todo lo que presumiblemente se puede hacer por el bien del equipo) y empatía (decir y hacer todo lo correcto para ayudar a los compañeros).

Pero ¿qué pasa con los jugadores ideales de equipo? ¿Es que no necesitan mejorar también? Por supuesto que sí. Patrick Lencioni recomienda la autoevaluación. Afirma que los jugadores ideales disfrutan analizándose a sí mismos y mutuamente para cambiar sus conductas y mejorar su rendimiento.

Que así sea, por el bien de todos.

Teresa Yusta

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