Dos pepitas de calabaza que bien podrían ser de oro

Julián Lacalle es un editor logroñés en “Pepitas de calabaza”, una editorial con menos proyección que un cinexín, como a él le gusta decir e imprimir en las contraportadas de sus maravillosos libros.

Conocí y entrevisté a Julián Lacalle en formato radiofónico y me admiró su personalidad. Porque su inteligencia se proyecta en cada una de las palabras que definen un trabajo nada convencional ya que lleva muchos años apostando por sacar a la luz temas que nos enamoran, despiertan nuestra capacidad de observación crítica y potencialmente constructiva. Desde esa primera entrevista han transcurrido tal vez más de 12 años, pero la trayectoria del trabajo de Pepitas de calabaza no ha perdido su capacidad para asombrarme.

Hoy quiero presentar un dos por uno porque no sabría cuál de los dos textos que me ha enviado Julián Lacalle es más comprometido o cuál de los dos me ha emocionado más.

Él ya me previno: “Son textos duros “(recuerdo que dijo un pequeño taco, de los de toda la vida) Y tiene razón: duros, lo son.

Pero pongo la mano en el fuego a que ningún lector quedará defraudado si tiene la curiosidad por leerlos. Pepitas de calabaza me ha demostrado, una vez más, que su marca está asentada en la calidad, exclusividad e independencia.

¡Muchas gracias, Julián Lacalle!

 

fotoelcaminodelabestiaEL CAMINO DE LA BESTIA

Migrantes clandestinos a la búsqueda del sueño americano

El autor de este libro es Flaviano Bianchini. Nació en Fabriano, Italia en 1982. Es un ambientalista, escritor y activista que se ocupa de las violaciones de los Derechos Humanos y los daños a la salud relacionados con las industrias extractivas, especialmente en América Latina. Sus estudios sobre el impacto de la minería en el medio ambiente y la salud han conseguido la modificación de leyes en Honduras, la adopción de medidas cautelares por parte de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en Guatemala y la promulgación de leyes sobre el bienestar en la ciudad Cerro de Pasco, en Perú. Fundó y dirige la ONG Source.

Un buen día, Flaviano decidió realizar el mismo camino – en las mismas condiciones- que recorren miles de migrantes en busca del sueño americano: se caracterizó como un migrante más, envió desde la frontera de México con Guatemala su pasaporte por correo a un amigo e Ciudad de México, adquirió una identidad inventada y recorrió los miles de kilómetros que separan Guatemala de Estados Unidos. El camino de la Bestia es el diario de su dura experiencia.

En el texto, Flaviano Bianchini escribe con la mirada de científico pero también con pasión. Trepado en el techo de La Bestia- el tren de la muerte que cruza México cargado de mercancías y clandestinos- , a pie, corriendo, escondido en la cajuela nauseabunda de un camión de carga o en el desierto de Arizona, perseguido por la migra norteamericana, él lo anota todo.

El viaje transcurrió durante veintiún días, con hambre, calor, frío, suciedad, sed e incluso prisión. Encontró canallas de todo tipo, pero también personas maravillosas como las Patronas, un grupo de mujeres de Veracruz que desde 1995 ofrecen comida y agua a los clandestinos de La Bestia. En el trayecto se hará de muchos amigos, pero no todos alcanzarán la meta. Al principio del viaje eran veinticinco, solo llegaron diecinueve.

De esta manera nos relata Flaviano Bianchini el momento en que se desprende de su pasaporte, poco antes de comenzar su aventura: “Instantes después el sobre está ya en camino. Yo me encuentro en la oficina de correos de Tecún Umán, Guatemala. Me miro las manos vacías. Ya no está. Se ha ido. Mi escudo, mi protección. Un estúpido rectángulo de cartón de un color indefinido entre marrón y rojo burdeos. Doce centímetros por ocho. Con un texto en caracteres dorados Unión Europea-República Italiana. La protección, el escudo. Con él vas y vienes como y adonde te apetece. Iba. Iba adonde quería “

A partir de ese instante adopta el nombre de Aymar Blanco, nacido en Pucallpa, en el corazón de la Amazonía peruana, de antigua ascendencia vasca. Su meta: el sueño americano. Estados Unidos de América.

“Ante nosotros, las vías del tren. Ni sombra de bandas armadas. Al poco se empieza a oír el ruido inconfundible de La Bestia. Ese ruido metálico, estridente y un poco balbuceante. Ruido de chatarra vieja, pero colosal e imponente. Da miedo. Se acerca. Ya va bien cargado. Alguien le hace señas al maquinista. Le grita que frene la marcha. Pero La Bestia sigue su camino. Hay que saltar así, como venga. Miro alrededor, algunos empiezan a subir. Voy yo también. Una vez más el truco es no pensárselo demasiado. Cierro los ojos y subo las piernas tanto como puedo. Siento la fuerza del tren que me succiona, pero ya estoy arriba. No puedo dormirme. Por nada del mundo puedo dormirme.”

El autor nos explica que todos los migrantes saben que México es el mayor obstáculo hacia el norte porque trabaja al servicio de Estados Unidos en cuestión de inmigración, limitando los flujos y si es posible seleccionarlos. En otros asuntos, como por ejemplo el petróleo, México consigue mantener cierta independencia. Sin embargo, en lo relativo a la inmigración no es más que un esclavo de Estados Unidos.

En relato de este libro, sus protagonistas viven en una gran ruleta rusa donde todo es posible. Donde el esfuerzo personal y la fortuna bailan juntos pero en ocasiones ni se encuentran. El texto es un testimonio fiel de los sentimientos que acompañan a Flaviano Bianchini durante toda la travesía. Se emociona y empatiza con cada una de las personas que conoce, con el paisaje, con el dolor y también con la esperanza. “Se produce una sucesión de despedidas breves y emotivas. Uno a uno veo a mis compañeros de viaje alejarse hacia el centro de la ciudad. Yo también salgo, tengo que encontrar una cabina telefónica a ir a la oficina de correos para recuperar mi pasaporte. Meto el primer cuarto de dólar y hago ese gesto con el que tanto he soñado. Marco el número muy lentamente. Soy yo. Estoy en Tucson. ¡Lo logré! “.

 

foto-fue-el-estado“FUE EL ESTADO”

Los ataques contra los estudiantes de Ayotzinapa .

La editorial Pepitas de Calabaza nos presenta, dentro de su colección Americalee, este texto que recoge las claves de una historia que ha dado la vuelta al mundo, pero de la que no se conocen demasiados detalles.

Este libro, escrito por John Gibler – periodista independiente que vive en México desde 2006- viene a paliar ese desconocimiento y a desmentir algunas informaciones sesgadas y tendenciosas que han circulado desde la terrible madrugada entre el 26 y 27 de septiembre de 2014 en Iguala (Guerrero, México).

La obra está compuesta con los testimonios de más de treinta supervivientes de los ataques contra los estudiantes de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro de Burgos de Ayotzinapa.

“Venimos a Ayotzinapa porque somos hijos de campesinos. No tenemos recursos necesarios para irnos a estudiar a otra escuela. Y esta es una escuela de lucha, donde nos inculcan valores para seguir luchando por tener un buen futuro más adelante, para poder apoyar a nuestras familias ¿Y qué hace el Gobierno? Mata estudiantes.”

 Las entrevistas fueron realizadas entre el 4 de octubre de 2014 y el 19 de junio de 2015. La mayoría de los sobrevivientes pidieron proteger sus identidades con el uso de seudónimos y así se ha respetado.

Juan Salgado, estudiante de primer añoSeguí corriendo y a dos cuadras vi que traían a un compañero, lo traían entre los brazos, cargando y el compa venía sangrando. Pensé: Ay ¿Qué le habrá pasado a este compañero? Me detuve para ver y fue cuando vi que ya no tenía labios. Los compañeros pues también se cansaron y lo que hice fue relevarlos para llevar al compañero. Los disparos seguían y corrimos como pudimos. Llegamos a una clínica, a una clínica particular. Les tocamos la puerta y decíamos ¡Ábrannos, por favor! pero como que estaban pensando si abrirnos o no. Y ya que nos abrieron, todos nos metimos, éramos alrededor de veintisiete. Los demás corrieron por donde pudieron. Muchos nos escondimos entre las escaleras, el compañero que estaba herido pues estaba ahí sentado en el sillón, sangrando. Dije: un médico, un cirujano, pues, para que vea al compañero. Pero dijeron las recepcionistas: Ahorita no está, el doctor no está. Si vieron que el compañero estaba grave, pero lo único que nos decían pues era que el doctor no podía porque ya era noche, que no nos podía atender. No quisieron llamar a una ambulancia. Y llegaron dos patrullas de militares y nos revisaron como si fuéramos los sospechosos o algo. Tomaron nota de cuántos éramos, pero lo que a mí se me hizo raro es que cuando llegaron, las recepcionistas ya no estaban…”

 Pedro Cruz Mendoza, maestro de Igualada, miembro de la Coordinadora Estatal de los Trabajadores de la Educación de GuerreroYo les decía a los muchachos: ¡No se levanten! La balacera duró, yo le calculo, unos tres, cinco minutos. Y volvieron otra vez a disparar ¡taka-taka-taka-taka! … Se pararon dos camionetas del ejército con entre doce y quince soldados. Les dije a los muchachos de Ayotzinapa: Corran, corran porque viene el ejército. Como yo leí el caso de Tlatlaya en el diario Proceso, fue lo primero que pensé: estos cabrones aquí nos van a acribillar… Me puse en cuclillas y pensé: bueno, aquí voy a esperar los balazos, ni modo. No tenía absolutamente nada donde protegerme. Y después escuché los insultos de los soldados: Órale, bájense, hijos de quién sabe qué, órale, órale, todos abajo…”

 Óscar López Hernández, 18 años, estudiante de primer año. Ese día, el 26 de septiembre nosotros estábamos trabajando como siempre. Nos ponemos a trabajar en las tardes, y ese día nos avisaron los del comité, dijeron: ¡Paisa, jálense! Nosotros estábamos trabajando allí en las segundas tierras y nos gritaron: ¡Paisa, jálense, actividad. Va a haber una toma, van a secuestrar autobuses!

He escogido estos tres testimonios entre los muchos que tienen la oportunidad de haber participado en este libro, “Fue el estado”, un testimonio histórico que cuenta además con un interesante epílogo a cargo de Lolita Bosch, filósofa y escritora catalana que vivió durante diez años en Ciudad de México.

Ella analiza la situación socio-política que vive el país: “Un 54% de la población mexicana es pobre y de esta un 40% vive en situación de miseria, es decir que tienen menos de un dólar al día para mantener a su familia. La corrupción, la ineptitud, la falta de interés y los vínculos delictivos de las autoridades hacen que en México un 98% de los delitos que se denuncian (y se calcula que solo se denuncia un 10%) no sean resueltos y por tanto queden impunes. Y finamente, la propaganda del Gobierno mexicano y todos los prejuicios que nos llegan a través de los libros, las series, la televisión y la ignorancia, nos hacen pensar que el narcotráfico es el gran causante de esta debacle social. No es así…”

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